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EL OTRO GOLPE DE PRIMO DE RIVERA (Julio Martín Alarcón)

Primer despacho de Miguel Primo de Rivera con Alfonso XIII tras el golpe de 1923 ALFONSO (colección José Luis F. Torres)
Falaz, cretino y corrupto. "Un eterno obstáculo para la vida pública española". Así se despachaba el dictador Miguel Primo de Rivera contra el rey Alfonso XIII en un explosivo documento inédito que ve la luz ahora y que podría haber cambiado la Historia de España. Fue escrito en la madrugada del 27 de enero de 1930, tan sólo un día antes de ser cesado como presidente del Gobierno, el Directorio Civil que surgió del golpe de Estado que él mismo encabezó en septiembre de 1923 y que entonces salvaguardó, precisamente, a la monarquía. La nueva intentona golpista, dentro de la misma dictadura, no era en esa ocasión para salvar al rey, sino para echarle de España y proclamar la Segunda República. "Un rey sin cretinismo, ni falacias, sin el mercantilismo hasta el grado más plebeyo, en el que ha caído D[on]. A[lfonso]. XIII habría satisfecho los sentimientos monárquicos de gran parte del pueblo español. Con este Rey no pudieron los antiguos políticos ni podrían los futuros, si yo no completo mi obra despejando de este eterno obstáculo la vida pública española".

Son once cuartillas escritas a lápiz por el dictador dirigidas "Al Pueblo y al Ejército", según su encabezado, y que permanecieron ocultas entre los cientos de documentos del archivo familiar, hasta que Jorge Bonilla, que trabajó 30 años con el nieto del general, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, y clasificó ese archivo, lo descubrió de forma fortuita: "Pasó desapercibido porque se encontraba en un sobre sin fecha y con un título que no revelaba nada de su contenido", explica a Crónica el escritor, que recoge en La historia no contada de los Primo de Rivera(Editorial Espasa) el sorprendente relato del golpe que no fue y que predijo el destino de España.

Cadáver político

La importancia del documento inédito sobre la última maniobra del general, desconocida hasta ahora, evidencia una certeza y una premonición. La primera, que el dictador ya no contaba con el apoyo del ejército, razón por la cual su intento fracasó y los papeles cogieron polvo hasta ahora. La segunda, que el rey era un cadáver político: el general no lograría esa madrugada sublevar al ejército, pero Alfonso XIII tendría que coger las maletas camino del exilio tan sólo catorce meses después, el 14 de abril de 1931, cuando se proclamó, como ya pretendía Primo de Rivera, la Segunda República.

Su desgaste como jefe de Gobierno y las intentonas de rebelión en el seno del ejército habían debilitado tanto su posición que el 25 de enero de 1930 decidió enviar, sin el conocimiento de rey, una nota a los altos mandos militares en la que se sometía a su confianza. La nota, que se hizo pública, enfureció al rey, que le llamó a consultas al día siguiente, lo que provocaría su dimisión, según el relato hasta ahora conocido.

Sin embargo, aunque el escrito difundido ahora por Jorge Bonilla no tiene fecha, se deduce por su contenido que se produjo en la madrugada del 27 de enero, justo después de la reunión explosiva en palacio del día anterior. En él constata, en cambio, su decisión firme de seguir en el Gobierno. Para ello, exhorta al ejército a rebelarse contra Alfonso XIII: "Llamo a mí las misma asistencias y con igual fervor y fe que requerí aquella fecha a los institutos armados de mar, tierra y aire", con el objetivo de instaurar una República.

Es un durísimo alegato contra el monarca, al que él mismo había socorrido con su golpe siete años antes, cuando la escandalosa irresponsabilidad de los altos mandos del ejército durante el Desastre de Annual (costó la vida a más de 10.000 soldados españoles en apenas una semana), salpicó también al propio Alfonso XIII. La investigación del general Juan Picasso sobre la humillante y trágica derrota de la Guerra del Rif, en el Protectorado de Marruecos, extendió una sombra muy larga sobre el rey como cómplice de la cadena de errores de los generales Manuel Silvestre y Dámaso Berenguer. El primero, a quien le unía una gran amistad, desapareció la misma madrugada del desastre de Annual, el 22 de julio de 1921. El segundo, alto comisario de España en Marruecos en esas fechas, fue apartado del servicio por un tribunal militar en 1922.

Cuando la depuración de responsabilidades amenazaba con alcanzar al monarca, Primo de Rivera dio el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923, al que le siguió un Directorio Militar que presidió él mismo hasta el 3 de diciembre de 1925, fecha en la que, de nuevo con la aquiescencia del rey, convirtió la dictadura militar en un Directorio Civil bajo su presidencia, compuesto por militares y civiles.

"Régimen constitucional"

Aunque el desgaste del dictador era evidente en enero de 1930, se resistió a abandonar sus funciones, según reconoce en el manifiesto: "El Rey ha hecho uso de su facultad de privar de su confianza al Gobierno que en representación de la Dictadura sucedió al Directorio Militar en 3 de dcbre. [diciembre] de 1925 [...] La misión de este Gobierno yo no la juzgo terminada y la de la Dictadura tampoco. Al Gobierno le falta consolidar parte de su enorme obra; a la Dictadura, preparar la implantación de un régimen constitucional en que se pueda asentar la normalidad política y jurídica de España". Además, predicaba en sus últimas horas una nueva fórmula después de que el ejército y el rey le retiraran progresivamente el apoyo: "Yo creo que la Dictadura en su forma progresivamente atenuada por algunos años; y yo mismo aun por algunos meses, tenemos que seguir gobernando [...]. Después, será preciso proclamar la república y elevar a su presidencia un hombre bueno, sabio, ecuánime y justiciero al que asistamos lealmente todos los españoles".

El voluntarismo del general envolvía otro golpe autoritario: no en vano, confiaba en los militares para prolongar su mandato y proclamar la República, pero Primo de Rivera había sufrido ya dos rebeliones surgidas en los propios cuarteles: la Sanjuanada de 1926 y el golpe de enero de 1929, perpetrado por oficiales del cuerpo de Artillería.

El ejército estaba dividido, y si en 1923 el liderazgo y carisma del general fue indiscutible durante la crisis de gobierno que acabó en el golpe avalado después por el rey, como explicaron los historiadores Javier Tusell y Gabriel Cardona, en 1930 Alfonso XIII ganaría el pulso. Tras la renuncia forzosa de un Primo de Rivera abatido y solo, el rey encargaría formar gobierno a otro general: Dámaso Berenguer, aquél cuya depuración durante el Desastre de Annual amenazó con hacerle caer siete años antes. Dámaso Berenguer, que fue apartado del ejército con pase a la reserva por aquellos sucesos, había sido amnistiado y ascendidodurante la dictadura.

Sin embargo, la "solución Berenguer" de Alfonso XIII fue un espejismo que apenas pudo sostener el creciente desprestigio del monarca, como tampoco pudo su sucesor, el almirante Aznar. El tiempo demostraría que Primo de Rivera no se equivocaba y que "el eterno obstáculo para la vida pública española" sería eliminado. Pero no fue por el ruido de sables sino por los líderes de los partidos políticos. Los republicanos maniobraron abiertamente contra él y los monárquicos consintieron sin apoyarle.


Las elecciones municipales de 1931 se convirtieron en un plebiscito: ganaron ajustadamente los monárquicos pero en las grandes capitales lo hicieron los republicanos. El rey entendió que no estaba respaldado y decidió exiliarse. En su carta de despedida aseveró que el pueblo le reclamaría. Nunca lo haría. Los militares aguardaron el desarrollo de la nueva República y no pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a conspirar en los cuarteles. Alfonso XIII no regresaría del exilio y su sucesor, Juan de Borbón, jamás sería rey. Una guerra y otro dictador militar, Franco, se interpondrían entre la República y la Monarquía.

FUENTE: EL MUNDO (Julio Martín Alarcón), 28 abril 2016

LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930) (Marcos Alvarez)



1.- La quiebra de la monarquía parlamentaria:  00:00 - 06:55

2.- Desarrollo político y cambios económicos:  06:55 - 11:55

3.- El final de la Dictadura y de la Monarquía:  11:55 - 18:42

EXCLUSIÓN Y ALTERNANCIA EN LA POLÍTICA (Andres de Blas)

José Varela Ortega acaba de publicar un brillante ensayo, Los señores del poder, sobre las características más sobresalientes de nuestro personal político y de la cultura política española desde la guerra de Independencia al último Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Uno de los aspectos centrales del libro es la percepción acerca de los mecanismos de alternancia en la política española a lo largo de los siglos XIX y XX. José Varela Ortega identifica con razón el mecanismo puesto en marcha por Cánovas del Castillo como el expediente que permitió solventar esa alternancia a lo largo de la Restauración. Contra unas prácticas políticas anteriores basadas en el predominio de la exclusión y que empujaron a la práctica de los pronunciamientos, las inhibiciones parlamentarias y las revoluciones como modo de obtener el poder por los situados en la oposición, Cánovas concibió un sistema de turno entre el partido conservador y liberal, herederos, respectivamente, del ánimo conciliador de la Unión Liberal y del espíritu de la Gloriosa de 1868.

Este turno descansaría, y esta será su gran limitación, no en el papel arbitral del sufragio, sino en el protagonismo de una Corona atenta a los procesos de división interna en el seno de los partidos y a los movimientos de impaciencia de la oposición para proceder a los cambios de Gobierno. Un mecanismo que, en todo caso, y este es su máximo activo, sustraerá a la política española de “las cuadras de los cuarteles” entre los años 1876 a 1923, con la activa contribución de un rey-soldado, elevado por Cánovas a la categoría de cotitular de la soberanía.

El régimen de la Restauración consiguió establecer un orden liberal, con lo sustancial de sus activos políticos, no siempre reconocidos por sus numerosos y pocas veces ponderados detractores, pero fracasó en su intento de evolucionar desde él a un orden liberal-democrático demandado por una sociedad sometida a un notable proceso de modernización en el primer tercio del siglo XX. Las demandas planteadas por una nueva sociedad española y, en concreto, por el movimiento obrero, los movimientos regionalistas y las urgencias democratizadoras planteadas por una nueva clase media, no encontraron adecuada respuesta en un régimen desbordado por los nuevos tiempos. La reacción autoritaria a ese desbordamiento protagonizada por Primo de Rivera será el momento anterior al establecimiento de la democracia con la Segunda República.

El esperanzador ánimo reformista de la nueva democracia española, visible entre otros terrenos en sus proyectos de reforma agraria, de la educación, de la planta política del Estado, de la legislación social y de trabajo y de la organización del Ejército, vendrá acompañado, sin embargo, por la erosión de una cultura política liberal. Se traduciría ello en la pérdida de vigencia de un mecanismo de alternancia que los políticos republicanos identificaron con el cortejo de oligarquía y caciquismo que le había acompañado a lo largo de la Restauración. De alguna manera, con la superación de tan negativo acompañamiento, se llevó a cabo el abandono de una práctica de alternancia en el poder que tanto esfuerzo había costado aprender a nuestros empresarios de la política.

A partir de 1931, señala Varela Ortega, se estableció una política de exclusión a favor de los “verdaderos republicanos”, fundamentalmente, los controladores del poder de 1931 a 1933 y, posteriormente, en 1936, que impidió centrar el régimen y posibilitar un acceso al mismo por parte de una derecha poco dispuesta a esa integración. Los trabajos llevados a cabo por Niceto Alcalá Zamora, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio o Miguel Maura en este sentido habrían de resultar estériles ante la creencia en una legitimidad republicana que iba más allá de la legitimidad derivada de la Constitución de 1931 y que entroncaba con el momento revolucionario que permitió el nacimiento de la República. Al nuevo exclusivismo propiciado por la alianza de republicanos de izquierda y socialistas, habría que añadir la obstinación de un amplio sector de la derecha, incapaz de aceptar el inevitable proceso de reformas demandado por el país a la altura de los años treinta.

El restablecimiento de la democracia en España después de la Constitución de 1978 tuvo en cuenta las lecciones de nuestra historia inmediata. Con independencia de las actitudes reticentes a la alternancia de algunos de los dirigentes políticos que se han sucedido desde entonces hasta el presente, el recurso al electorado a través de unas elecciones limpias ha resuelto uno de los problemas más serios de nuestra tradición liberal y liberal-democrática. Esto y la emergencia de una nueva opinión pública española, orientada al centro y favorable a un entendimiento, no siempre secundado por los partidos políticos y sus dirigentes, respecto a los grandes problemas con que se enfrenta la sociedad española en este inicio del siglo XXI.

El libro de Varela Ortega aborda otras cuestiones fundamentales de nuestra vida política contemporánea: los efectos de una guerra gloriosa pero profundamente dislocadora, como fue el conflicto 1808-1814; la tipología de nuestros pronunciamientos; el contramodelo que para la vida del segundo trecho de la Restauración y la Segunda República supuso la larga vida de la Tercera República Francesa; el fracaso del golpe del 18 de julio de 1936 y el consiguiente inicio de la Guerra Civil; los errores republicanos en su planteamiento de la defensa de la democracia; la lógica de la transición a la democracia desde la dictadura franquista; la polémica de la memoria histórica, etcétera. Pienso, con todo, que la reflexión sobre los mecanismos de alternancia y exclusión en nuestra vida política constituye el meollo de esta rica y oportuna revisión de nuestro pasado político inmediato.


Andrés de Blas Guerrero es catedrático de Teoría del Estado en la UNED.

FUENTE: EL PAÍS 23 MAYO 2013


DICATDURA DE PRIMO DE RIVERA (MEMORIA VISUAL DE ESPAÑA)

Videos de la colección MEMORIA VISUAL DE ESPAÑA.

* VIDEO 1 (08:50)



* VIDEO 2 (07:52)



* VIDEO 3 (09:53)



* VIDEO 4 (09:38)



* VIDEO 5 (09:38)



* VIDEO 6 (09:31)

EL PACTO DE SAN SEBASTIAN (1930)


El 17 de agosto de 1930 se reúnen en San Sebastián representantes de diversas fuerzas políticas republicanas y de izquierdas - ni los nacionalistas ni los anarquistas estuvieron presentes - con la finalidad de propiciar la caída de la monarquía y llegada de la república.

Con motivo de los 80 años de esta reunión, diversos partidos políticos se reúnen a recordar dicha reunión. He aquí los enlaces a la noticia de dicha reunión en diferentes periódicos:

DIARIO VASCO

EL CORREO DIGITAL

NOTICIAS DE GIPUZKOA